Clunia Sulpicia, grandeza de la Roma hispánica en el alto Duero
En un lugar, hoy alejado de los principales ejes de comunicación peninsulares, en la cuenca alta del Duero y al pie del sistema Ibérico, la herencia de Roma dejó una huella arqueológica imborrable en el paisaje burgalés.



Pisar Clunia Sulpicia por primera vez es sentir las raíces de la propia civilización occidental: donde se entrelazan el pensamiento griego, la profunda herencia romana peninsular y las raíces del cristianismo.
La ciudad de Clunia (Clounioq para los arévacos, pueblo celtíbero que habitaba el centro peninsular) está, asentada al sur de la provincia de Burgos, sobre el cerro del Alto de Castro, junto a la localidad de Peñalba de Castro, perteneciente al municipio de Huerta del Rey. La ciudad se erigió sobre la meseta que culmina el cerro a orillas del río Arandilla, afluente del Duero, con una posición privilegiada: a 1023 metros de altitud, asomada estratégicamente sobre el extenso llano cubierto de cultivos y pinares que se abre entre el valle del Duero y la sierra de la Demanda.
Si bien la zona estaba habitada por las tribus arévacas, organizadas en pequeños núcleos poblaciones ubicados en zonas elevadas que facilitaban la defensa, así como en el llano y junto a los cursos de agua, no se sabe cuál fue la relación de Clunia con el poblado arévaco del Alto del Cuerno. Se localizó frente al cerro donde se levantó la ciudad romana y es donde se han hallado espacios de viviendas prerromanas, restos de su muralla y una de sus puertas escoltada por dos torres.
El urbanismo de Clunia, al pie de importantes vías de comunicación romanas que discurrían por la ciudad o en sus inmediaciones, se extendió en más de 100 hectáreas del cerro en forma de muela y llegó a albergar hasta 35.000 habitantes. Tal fue la grandeza que alcanzó esta ciudad romana de Hispania que se convirtió, a mediados del siglo I d.C., en cabeza de un convento jurídico (equivalente a lo que hoy conocemos como Audiencia Territorial). Desde ella se administraba la justicia, religión y derecho romanos en un territorio que abarcaba desde Asturias hasta Navarra, y desde la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama hasta el señero Moncayo en Aragón.
Entramos en uno de los principales yacimientos romanos de España. Así lo atestiguan su foro, teatro, viviendas y termas de porte imperial. Representan apenas un 5% de la ciudad pero igualmente son el testimonio más emocionante de un pasado esplendoroso al que se suman las restauraciones del yacimiento más relevantes realizadas hasta el momento como la del teatro y las que están en marcha como la del foro y el templo de Júpiter. Se inició a partir del siglo I a.C. cuando entró a formar parte de Roma y se convirtió en municipio romano, durante el reinado de Tiberio (14-34 d.C.), lo que acabó convirtiéndola en una de las ciudades sobresalientes del mayor imperio de la Antigüedad.
Clunia, hogar de rebeldes y un emperador romano
Pisar hoy el Alto de Castroes entrar en Clunia para sentir el eco imperial atrapado entre piedras y leyendas. Con la propuesta de A-Roma, vamos a descubrir las capas superpuestas de una historia que aún respira en “el confín de la Celtiberia” como determinó su ubicación Plinio el Viejo.
Este escritor y militar romano conoció Clunia cuando ya se había convertido en la capital del convento jurídico (Conventus Cluniensis). Un centro jurídico y religioso que gobernaba sobre un vasto territorio comunicado por importantes vías romanas que discurrían próximas a la ciudad. De hecho, en el Itinerario Antonino, Clunia aparece citada en la vía que unía Zaragoza con Astorga. El territorio que gobernaba se extendía por la cuenca alta del Ebro, con salida al Cantábrico, y la cuenca alta y media del Duero.
La ciudad como enclave estratégico, que fue joya de Roma, guarda entre sus ruinas una paradoja: convertirse en refugio de emperadores y tumba de rebeldes.
Un escenario que vivió fastos romanos también supuso un refugio para Quinto Sertorio, general romano y gobernador (procónsul) que, al rebelarse contra el orden romano establecido, creó una República romana en Hispania. Fue así como puso en jaque a Roma durante una década (años 82 al 72 a.C); lo consiguió gracias a contar con el apoyo de las tribus celtíberas; entre las que impartió justicia, entrenó con disciplina romana y motivó para su unificación.
En el recinto urbano de la ciudad también se refugió el militar romano Servio Sulpicio Galba que había sido nombrado gobernador de Hispania Tarraconense por Nerón. Levantando a la Legión VII Hispana, se sublevó contra el emperador y, tras el suicidio de este, acabó siendo proclamado emperador de Roma por el Senado. En honor a tan extraordinario hecho ocurrido en Clunia, la ciudad recibió el apelativo de Sulpicia.
El foro, el corazón urbano de Clunia
Una urbe que superaba el tamaño (100 hectáreas) de las más importantes ciudades romanas de Hispania y que exhibía una muestra de sofisticación reflejo de una civilización superior no contó, sin embargo, con un proyecto urbanístico inicial. Si bien estaba claro el emplazamiento y la valiosa disponibilidad de aguas subterráneas, los edificios públicos fueron levantándose (durante el siglo I d.C.) sin responder a un entramado urbano organizado. De hecho, el foro de Clunia, el centro más característico de una ciudad romana, situado en la zona más elevada de la muela y en el centro urbano afecta a la Casa 3 que debió reestructurarse; es decir, ya se había levantado una urbanización plenamente romana antes de la construcción del foro.
Las piedras del foro, dispuestas en un gran recinto cuadrangular, reflejan la magnitud de este espacio que hacía las funciones de plaza pública. Un espacio no solo urbano sino que amparaba a ciudadanos de todo el Convento Jurídico pues desde allí se administraba la política de Roma, el poder religioso y las transacciones comerciales llevadas a cabo en la urbe hispánica. La excavación de su mitad oriental nos permite desvelar los elementos característicos de la arquitectura del foro como la basílica, donde se impartía justicia, que cerraba su extremo norte.
Era un espacio cubierto de enormes dimensiones donde se resolvían los pleitos, se sancionaban contratos comerciales y se guardaba testimonio de las leyes y los registros de operaciones. A su vez acogía, una vez al año, al gobernador de la provincia (Hispania Citerior) para dirimir juicios que competían al territorio del convento. Asimismo, la basílica albergaba una estatua representativa de Augusto, que con su sola presencia sancionaba juicios y contratos.
Al sur, en la posición opuesta del foro se levantó un gran templo principal porticado destinado al culto de Júpiter o capitolio con estructura cuadrangular y flanqueada por dos monumentos con pedestales de grandes dimensiones. Estaba elevado sobre un podio y probablemente también estuvo dedicado a la Tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) los dioses tutelares y divinos pilares de Roma por representar los valores fundamentales del Estado que unificaban a la ciudad bajo una misma fe política: la de Roma. Tras el templo se extiende la zona religiosa, separada del ámbito público, por muros curvos; junto a ella una cisterna enterrada, a la que se accedía por una escalera de grandes dimensiones, disponía de un ábside interior que refleja su uso ritual.
El recinto del foro se completaba con la zona de tabernas o locales de negocios donde se llevan a cabo las transacciones mercantiles. Acogía locales de dos plantas que, además de almacenar mercancía, exhibían sus productos al público sobre mostradores que, al cerrarse en la noche, funcionaban como puertas del local.
Entre los establecimientos comerciales se han identificado pequeños templos o santuarios destinados a las diferentes familias imperiales y nuevas creencias espirituales. Los comercios se abrían a un pórtico cubierto extraordinariamente ancho. Al estar sustentado en dos filas de columnas creaba un amplio espacio público cubierto que podía acoger la venta ambulante y estacional.
El teatro, un escenario monumental
Clunia Sulpicia no fue solo una ciudad; fue un símbolo de poder y esplendor, un faro de romanidad que brilló al norte del Duero. Su rango como capital del conventus iuridicus y luego como colonia atrajo oleadas de ciudadanos romanos, artistas y comerciantes, que transformaron su paisaje en un escenario monumental. Y entre todos sus tesoros, uno destaca por su grandeza y su voz eterna: el teatro de Clunia, el coloso de piedra que aún hoy susurra secretos del paso de Roma por Hispania.
Si bien el foro, como plaza pública, acogía feria actos y reuniones, además de juegos, espectáculos, cursos y arengas es realmente el teatro, el espacio público destinado a las representaciones teatrales. El drama y la comedia de raíces griegas se vieron sustituidos por la danza, la música, el mimo y la pantomima, espectáculos más al gusto de los ciudadanos hispanorromanos.
El teatro, apoyado sobre la ladera y, en parte, tallado directamente en la roca del borde oriental del cerro, en el siglo I, a la manera griega, con sus grandes dimensiones podía acoger a más de 10.000 espectadores. Desde su graderío, dispuesto en elegante media luna y rematado por un pórtico superior que se alzaba hacia el cielo y una fachada escénica compuesta de dos pisos de columnas corintias, entre las que se veían esculturas y las puertas de acceso de los actores. También fue testigo de un momento único en la historia: aquí, entre estas piedras, las legiones aclamaron a Galba como emperador. Su acústica perfecta, diseñada para que hasta el último suspiro de los actores llegase nítido a la última fila, aún funciona hoy como un prodigio del conocimiento antiguo.
Pero el teatro de Clunia es más que un relicario de piedra. Es un sueño que renace cada verano. Cuando el sol calienta la meseta burgalesa, sus gradas, que durante siglos guardaron silencio, vuelven a vibrar con el Festival de Teatro de Clunia. Tragedias griegas, comedias romanas y conciertos bajo las estrellas devuelven la vida a este espacio sagrado, mientras el público, como en tiempos de los césares, ríe, llora y aplaude. Y cuando llega el Festival Juvenil de Teatro Grecolatino, los ecos de los jóvenes actores se mezclan con los fantasmas de aquellos primeros espectadores.
La vida doméstica de Clunia
Entre los vestigios arqueológicos de Clunia Sulpicia, destacan sus viviendas porque reflejan las diferentes clases sociales que habitaron en la urbe. En general dejaban bastante espacio entre viviendas, lo que indica la baja densidad de ocupación de la ciudad. Mientras que las casas de las familias más adineradas disponían de espacios nobles (separados del área más privada y familiar), jardines, mosaicos polícromos decorando los pavimentos y pinturas que alegraban las paredes de sus estancias; además contaban con habitaciones subterráneas que permitían disponer de espacios cálidos para resistir el invierno burgalés y que, al mismo tiempo, se mantenían frescas durante el calor del estío. Las viviendas ocupaban un gran espacio donde también habitaban los siervos y esclavos de servicio en estancias más humildes. A su vez, disponían de pozos propios, colectores de lluvia y cisternas para garantizar las necesidades de agua domésticas.
Un ejemplo paradigmático lo constituye la casa Taracena, cuya prolongada ocupación ha dejado registradas sucesivas reformas arquitectónicas, reflejo de su adaptación a las cambiantes circunstancias históricas de la ciudad hasta el siglo III.
También conocida como Casa 1, está situada en el corazón urbano, en la plaza que da acceso al foro, y además posee un notable trazado subterráneo, sobre todo en sus lados sur y este. El acceso a la vivienda se hacía por la zona meridional, junto a la vía Decumano que culminaba en el foro. Disponía de un pórtico de dos plantas que daba acceso a un atrio con cisterna y habitaciones subterráneas a su alrededor.
El corredor que vertebra la vivienda se orienta hacia el norte con un mosaico que conduce a la sala de recepción de las visitas públicas. A continuación conduce al salón comedor o triclinio rodeado de cuatro jardines. Desde ahí un peristilo o jardín porticado alrededor se extiende organizando otro grupo de estancias. Se prolongan hasta el área oeste de la vivienda, donde se halla un pequeño conjunto termal que indica el poder que adquirió la familia propietaria de esta opulenta mansión. Recorriéndola llama poderosamente la atención el conjunto de mosaicos geométricos polícromos que conserva (el mejor de la ciudad) tanto en sus estancias principales como en los pórticos de conexión entre ellas.
La Casa 3, con unas proporciones similares a las de la Casa 1, se abría a la plaza de la puerta del foro. En beneficio de la creación de tan extraordinario espacio público perdió parte de sus dependencias y modificó otras de ellas como reflejan los muros en diagonal de algunas habitaciones. Siglos después sería la construcción de la ermita medieval la que continuó alterando la estructura original de la vivienda. Entre los elementos más valiosos que ha conservado en sus dependencias se divisa el mosaico de las Cráteras.
La Casa Triangular es otra de las llamativas viviendas excavadas en Clunia. Así denominada porque ocupa un pequeño espacio triangular surgido con la construcción del foro y las modificaciones que esto supuso para la Casa 3. Destaca la singular belleza de su pequeño conjunto arquitectónico, ocupado hasta el siglo III, y por el mosaico en blanco y negro de una de sus habitaciones. En su delicado diseño representa una crátera y dos palomas, así como motivos vegetales con ramas de viñas y granadas.
A diferencia de otras ciudades romanas, Clunia no requirió la construcción de acueductos monumentales. Su emplazamiento estratégico sobre un complejo cárstico le proporcionaba un suministro hídrico constante mediante una red de pozos que aprovechaban el acuífero subterráneo. Esta singularidad geológica se vio acompañada frecuentemente de un componente religioso: los relieves fálicos hallados en el subsuelo de varias viviendas (incluida la casa Taracena) sugieren la existencia de cultos propiciatorios vinculados a la fecundidad y al control simbólico de las aguas.
La vivienda residencial de Cuevas Ciegas, es un testimonio excepcional de la sociedad cluniacense cuyos restos se hallan al borde del precipicio al sureste del cerro y su fachada exterior cimentada sobre la ladera. Fue una auténtica casa colgante como demuestran los restos de escaleras talladas en la roca que descendían hasta sus cisternas junto a la entrada de las cuevas naturales que son oquedades naturales de la roca caliza. Espacios subterráneos donde la sociedad cluniense ritualizaba su relación con el territorio añadiendo a sus necesidades hidrológicas un lenguaje sacro con el agua vinculado a la prosperidad de una de las colonias más emblemáticas de la Hispania romana.
Termas, balnearios de élite


La función higiénica del agua y a la vez como espacio romano en donde realizar actos políticos, sociales, de ocio y sacralidad entre vapores, hizo que en Clunia existieran al menos tres termas. Las termas del foro, situadas al sureste de la Casa 3, disponían en la zona sur de un gran pozo cuadrado para abastecer las necesidades hídricas de sus instalaciones. Era donde los baños suponían un lugar de encuentro para conversar, comer, leer, recibir masajes o hacer ejercicio físico. Su actividad cesó en el siglo II, pero sin embargo se reflejan usos continuados en algunas de sus dependencias hasta el siglo V. Incluso desde un siglo antes y hasta el final de la época visigoda, parte de las termas se convirtieron en una necrópolis.
La estructura de Los Arcos se reparte en dos espacios públicos destinados al disfrute del agua situados a ambos lados de una calle porticada. Es donde se hallaron los conjuntos termales: Los Arcos (I y II) diseñados en un mismo proyecto de ordenación urbana que destina un área urbana exclusivamente a las instalaciones termales. Con sus fachadas principales orientadas a mediodía y alimentadas por lagunas subterráneas, fueron construidas durante el siglo I y en conjunto son una excepcional muestra por la calidad y magnitud de las instalaciones. Así como atestiguan la importancia que Roma confirió a la ciudad durante los dos primeros siglos de su Imperio.
Aula de Interpretación Arqueológica
El paseo a orillas del río Tuerto, que rodea la ciudad, abre una nueva vía a recorrer como es la etapa del Camino de Santiago que conecta la ciudad con la loca
Desenterrar los secretos de Clunia es posible al traspasar el umbral del Aula de Interpretación Arqueológica de Clunia. Un fascinante espacio cultural que aporta al visitante información complementaria a lo que se ha visto durante el recorrido por el yacimiento. La exposición de materiales de la ciudad y los medios audiovisuales de que dispone desvelan aspectos de la ciudad y cómo era el quehacer cotidiano de sus habitantes.
Podremos tener tesoros de la vida cotidiana al alcance observando piezas halladas durante campañas de excavación, como las monedas acuñadas en Clunia con los rostros de los emperadores Tiberio o Galba, que viajaron en bolsas de cuero y circularon por mercados y villas romanas.
Entre sus joyas arqueológicas más llamativas se halla la bella estatua en mármol de la divinidad Fortuna, la diosa de la suerte y el destino. Una deidad grecorromana de 1,20 metros que lleva en la mano izquierda el cuerno de la abundancia (cornucopia) y en la derecha debería mostrar un timón para guiar los destinos humanos. Su rostro sereno está culminado con un tocado imperial y viste a la manera griega, con una túnica ceñida bajo el pecho que en su día brilló de vivos colores.
Es un hallazgo extraordinario pues se encontró en el teatro de Clunia, donde probablemente presidía ceremonias y espectáculos desde uno de los espacios entre columnas del frente escénico. Apareció fragmentada en cerca de 200 pedazos y semicalcinada por la madera inútil que se incineraba en la escombrera, en lo que se convirtió el gran almacén subterráneo bajo el postescenio.
El teatro de Clunia fue erigido a finales del siglo I d.C., pero hacia el año 169, experimentó una remodelación radical que lo adaptó para acoger espectáculos de tipo anfiteatro, como los juegos de arena.
La reforma desmanteló elementos clave de la estructura original: la cávea inferior, la orquesta, la escena, su fachada, el tornavoz y el área posterior conocida como postescenio.
Sitios de interés próximos a Clunia




Llegar a la ciudad de Burgos, de la que no separa una hora de viaje (89 kilómetros), es como abrir un libro de historias vivas porque la ciudad no se limita a contarte su pasado: te envuelve en ella con su catedral, esa luminosa belleza gótica que destaca brillando contra el cielo por su blanquecina piedra extraída de canteras burgalesas (hoy son un conjunto monumental que nos lleva por un viaje al interior de la Tierra). No es solo un monumento: es un laberinto de piedra donde el tiempo se detiene en cada detalle bañado por la luz que se filtra por sus vidrieras, mientras las tumbas de El Cid y Jimena susurran leyendas de territorio y amor eterno. Te sorprenderá cada rincón de la catedral, desde la Escalera Dorada (una espectacular obra maestra del Renacimiento español) hasta su famoso autómata: el Papamoscas que abre y cierra la boca al ritmo de las campanadas junto a su ayudante, el Martinillo que señala los cuartos; situados en el primer tramo de la nave mayor te dejarán con la boca abierta o tal vez repitiendo el típico estribillo popular infantil: ¡Papamoscas, que se te escapa una!
Pero Burgos no te deja parar solo en una época histórica y desde la Edad Media va a lanzarte un millón de años atrás, en apenas minutos de distancia; es el tiempo que te lleva llegar hasta el museo de la Evolución Humana (MEH) . Un diálogo entre lo que fuimos y lo que somos sobre el que puedes reflexionar recorriendo el paseo del Espolón. Bajo sus plátanos y señoriales balcones barrocos, caminamos por el salón al aire libre burgalés por excelencia. Es el momento oportuno de hacer un alto, para tomar un vino de la Ribera o un chocolate con churros típico en el café Ibáñez que cuenta con un solete de la Guía Repsol, antes de llegar al arco de Santa María, la puerta de entrada legendaria a un conjunto de callejuelas de ambiente comercial de toda la vida, que resaltan sus encantos tradicionales entre comercios más modernos y globalizados. El paseo puede culminar con una visión sublime bajo los arcos de la Plaza Mayor. Antes de partir, pasea por la orilla del río Arlanzón, donde late el alma tranquila de Burgos y admira como las cigüeñas anidan en las torres. También puedes acercarte a la Cartuja de Miraflores (a 3 kilómetros del centro urbano), una joya de arte gótico final donde el mármol de los sepulcros reales ha grabado todo lo ocurrido entre sus muros como palacio de recreo de Enrique III y también como panteón real de los padres de Isabel la Católica.
En el paisaje agreste de Burgos, donde la sierra de la Demanda se funde con Soria, a tan solo 9 kilómetros de Clunia, Huerta del Rey guarda secretos: su calzada aún murmura historias romanas, y las cuevas cercanas esconden huellas del Paleolítico. El pueblo late alrededor de su iglesia gótica de San Pelayo (patrón festejado con alegría cada 26 de junio) y, en febrero, revive las Marzas, una fiesta ancestral entre sus vecinos agricultores que celebra el fin del invierno al estilo de las Kalendae Martiae romanas.
Como una guardiana del Duero, la villa de Coruña del Conde, a 4 kilómetros de Clunia, es un libro abierto de batallas. Sus piedras recuerdan cuando frenaron el avance de Abderramán III y Almanzor en el siglo X. Subir al castillo en ruinas es imaginarlos vigilando el horizonte mientras se disfrutan un panorama espectacular de esta frontera olvidada. Al salir del pueblo esperan puentes medievales sobre el Arandilla para encaminarse hacia Clunia. En ruta, entra en la ermita del Santo Cristo y fíjate en los sillares romanos; acarreados de la ciudad romana cuentan historias de vidas lejanas, eso si logras desentrañar sus inscripciones.
Desplazarse 21 kilómetros, hasta la villa romana de Santa Cruz, en la localidad de Baños de Valdearados, es hallarse ante una de las joyas patrimoniales del Bajo Imperio romano en Burgos: una villa rústica de lujo (siglos IV-V d.C.) destinada a la explotación agrícola (cereales y viñedos). Pero lo que más te fascinará es que conserva su aire suntuoso en los magníficos mosaicos de algunas de sus estancias; uno de ellos, dedicado a Baco: el dios del vino, invita a compartir alegría y fiestas, como la que celebra esta localidad ribereña a finales de agosto con su tradicional fiesta romana.
No se te puede escapar una parada, a 25 kilómetros de Clunia, en Gumiel de Izán. Te robará el corazón con sus calles empedradas de casas de piedra y madera, estamos en la Castilla más auténtica. La Plaza Mayor porticada merece una parada pero, sin duda, la estrella urbana es la iglesia de Santa María, una auténtica «Petra española» por su fachada gótica, tan espectacular que parece tallada por gigantes.
El silencio te envolverá cuando llegues a Santo Domingo de Silos, porque su monasterio es el alma de la localidad (a 31,6 kilómetros de Clunia). Con su claustro románico, hoy es posada real, acondicionada en el convento de San Francisco, y un lugar donde la historia de los frailes se junta con el espíritu viajero de quien duerme en sus dependencias: el refugio perfecto de paz frente el claustro, entre rezos y cantos gregorianos que surgen de la abadía.
A 40 kilómetros de Clunia, Caleruega es pueblo de cuento a caballo de la sierra de la Demanda y los viñedos de la Ribera, y pura esencia castellana. Su nombre delata su pasado: caleras humeantes y montes blancos de piedra caliza. Nació en la Reconquista, pero su alma late fuerte gracias a Santo Domingo de Guzmán, el hijo ilustre que fundó los dominicos (esos monjes de hábito blanco y capa negra que revolucionaron la fe con razón y debate). Hasta Copérnico lo admiró. Recorrer el trazado urbano es tropezar con conventos, bodegas y ese aire medieval que lo hace uno de los pueblos más bonitos de España. Antes de partir entra en el Real Monasterio de Santo Domingo y toma un vino de la Ribera en alguna bodega local, estarás pisando las mismas piedras por donde anduvo el santo.
Una hora aproximadamente nos separa de Covarrubias, una localidad que es un auténtico códice medieval, basta con mirar a su recio torreón de Fernán González o de Doña Urraca. Vigila toda la historia que ha acontecido en el pueblo, donde incluso te encontrarás con la historia de una princesa Noruega. Aviso para viajeros: encontrarás sus nobles restos en la Colegiata de San Cosme y San Damián, bajo la inscripción “Aquí yace Kristina, que vino de lejos para ser flor de Castilla”, y como puedes suponer su historia es triste. Para compensarlo, a las afueras, encontrarás la capilla de San Olav, rey y santo vikingo del que era devota la princesa del norte. Su arquitectura moderna, al más puro estilo nórdico, te sorprenderá en este encantador rincón natural burgalés dedicado al santo patrón de Noruega. Y por supuesto, descubre los vinos de la D.O. Arlanza, auténticos tesoros enológicos que han estado esperando entre estas piedras milenarias para sorprenderte.
Peñaranda de Duero es un balcón medieval sobre el Duero. En lo alto de un cerro, con sus casas de adobe y madera, ha desafiado el tiempo y, a la vez, esconde bajo nuestros pies un laberinto de bodegas subterráneas donde huele a historia tanto como a vino añejo. Piérdete en sus laberintos donde madura el fruto de la Ribera o siéntate en un soportal de su Plaza Mayor. Es un escenario de cuento: la colegiata de Santa Ana con su porte gótico, el palacio de Avellaneda con su estilo renacentista y secretos de condes. Y en medio del espacio urbano, el rollo jurisdiccional, testigo mudo de quienes gobernaron estas tierras.
La villa de Aranda de Duero desde su ubicación, en el extremo sur de la provincia de Burgos, es un destino urbano situado apenas a 30 minutos de Clunia y visitarla supone conocer una Ciudad Europea del Vino. Le sobran motivos puntuales para repetir visita como las jornadas del Lechazo, el festival de música indie Sonorama Ribera, el concurso de Tapas, Pinchos y Banderillas o su manera de poner en valor su cultura ligada a la tradición de ser una ciudad productora de vino del Día Europeo del Enoturismo, que se desarrolla cada 8 de noviembre.
Eso sin olvidarse de visitar alguna de las bodegas subterráneas que, a lo largo de 7 kilómetros, horadan sus cimientos. De admirar el primer mapa urbano que se hizo de ella. Es el primero de España y se elaboró por orden de Carlos V (siglo XVI), reflejando su recinto fortificado. La bellísima fachada de la iglesia de Santa María la Real, es un magnífico retablo en piedra del gótico isabelino obra de Simón de Colonia, arquitecto y escultor burgalés de cuyo arte surgieron las catedrales de Burgos y Sevilla. El abigarramiento de esculturas que decoran la fachada del templo, presidida por los escudos de los reinos de Castilla y Aragón, está vigilado por una vieja torre románica perteneciente al templo originario.
La orilla del Duero, inseparable del casco urbano, es un paseo apetecible en cualquier momento. Conduce hasta el popular barrio de Santa Catalina, un área de huertas transformada con la industrialización de la localidad en los años 50 del siglo pasado. Al callejear por su ambiente popular llama la atención una colorista ruta de los murales ensalzando la historia local y algunos de los personajes que han hecho barrio.
Cómo llegar a Clunia
En vehículo propio desde Madrid (220 kilómetros y 2.30 horas de viaje) se ha de circular por la A-1 en dirección a Burgos para tomar la salida 144 (Aranda de Duero-Soria). Donde se prosigue por la N-122 hacia Soria para desviarse en Huerta de Rey por la carretera BU-V-9221 en la que se halla la señalización hacia Clunia.
Para recorrer los 90 kilómetros (1,15 horas) que separan la ciudad de Burgos de Clunia es la carretera A-1 la vía a seguir hasta la ciudad de Lerma, donde se toma la BU-904 hacia Santo Domingo de Silos. En el trayecto se continúa por la desviación de la BU-911 que conduce a Peñalba de Castro.
Soria se halla a 80 kilómetros de Clunia (1 hora) y se comunica por la N-122 en dirección a Aranda de Duero hasta llegar a San Esteban de Gormaz, donde se toma la BU-911 hacia Peñalba de Castro.
Aranda de Duero se localiza a 40 kilómetros de Clunia y está conectada en 30 minutos por la carretera N-122 (en dirección a Soria) hasta Huerta del Rey, población donde se sigue por la BU-V-9221.
En transporte público desde Madrid el tren (2,15 horas) o autobús (3 horas) se llega a Aranda de Duero. Localidad en la que hay que tomar taxi para recorrer los 40 kilómetros que la separan de Clunia.
Desde Burgos en autobús (1,45 horas) y Soria (1,30 horas) se accede hasta Aranda de Duero, donde luego hay que tomar un taxi hasta Clunia.
Dónde y qué comer en Clunia
Entre campos de cereal y viñedos, la gastronomía burgalesa hunde sus raíces en la secular tradición castellana. Robusta y aromática inspira platos que son una magnífica tentación para reponer fuerzas durante un viaje en el tiempo.
El rey indiscutible es el lechazo asado al estilo arandino. Cordero lechal, tierno y jugoso que, después de pasar por el horno de leña, alcanza una textura casi melosa escondida bajo una piel crujiente, una textura que parece hojaldre recién horneado.
La sopa castellana, elaborada con pan y pimentón y aderezada con jamón y ajo, junto a la reina negra: la morcilla de Burgos, con sello IGP y sabor característico conferido por la melosidad del arroz y las especias sometidos a un ahumado artesanal, son platos tentadores en cualquier momento del día y alto del camino entre restos romanos.
Antes de levantarse de la mesa espera un contraste de sabores ya sea con la intensidad láctea del queso de Burgos, aliado con la dulzura del membrillo o la textura de las nueces. Para acabar con el aroma medieval más original de los postres: la tarta de almendra de Lerma, un sabor de almendra molida con toque de leyenda conseguido a base de miel y especias.
No hay mesa burgalesa que no posea un alma líquida, como la que aportan los vinos de la tierra con Denominación de Origen Ribera del Duero. Experiencia gastronómica que puede prolongarse en laberintos bajo tierra por las bodegas subterráneas de Aranda del Duero. Y, hablando de vinos, uno de los mejores secretos del valle de Arlanza se desvela en copa: entre monasterios milenarios y riberas de chopos dorados, sus viñas entregan vinos con alma. Tanto los tintos de tempranillo como los blancos de albillo guardan la frescura del río Arlanza. Son caldos con D.O. que narran, ocho siglos de historia: desde los monjes que los criaban en bodegas abaciales hasta hoy, cuando siguen siendo el tesoro mejor guardado de Burgos.
Si estás listo para cenar con el placer gastronómico romano, ya sea en restaurantes con estrella Michelin o a través de las propuestas más originales de los restaurantes de vanguardia burgaleses, o tal vez te apetezca recorrer un mercado medieval, o saborear la esencia de esta tierra castellana desde el primer bocado de un pan cocido en horno de leña deja que te preparemos un banquete aderezado con el condimento de la historia, reserva tu experiencia gastronómica.
Dónde dormir en Clunia
Sin perder el espíritu milenario deja que te guiemos con las propuestas de A-Roma. A escasa distancia de Clunia Sulpicia hay alojamientos que son mucho más que un lugar para descansar. Son ventanas al paisaje y la tradición castellana.
Contamos con diversidad de establecimientos en la ciudad de Burgos, cargados de historia como la Posada Real del convento de San Francisco, en Santo Domingo de Silos, o el parador de turismo en Lerma, pero también con el encanto de lo rural en casonas de piedra convertidas en alojamiento rural en Peñalba de Castro y Huerta del Rey, hasta lagares rehabilitados como posada de caminantes. Miraremos las mismas estrellas que orientaban a los arévacos y guiaron a procónsules y emperadores de Roma desde establecimientos de glamping o en la terraza de estancias con terraza solo para ti.
Y quienes buscan la modernidad urbana hermanada con la tradición disponen en Aranda de Duero, apenas a 30 minutos de Clunia, de una variada oferta de hoteles con encanto, establecimientos boutique y mansiones señoriales. Hasta podremos dormir entre barricas de vino que para eso estamos en la Ribera del Duero.
Cuando el sol se esconde tras las ruinas de Clunia Sulpicia, la magia romana no desaparece: se transforma. Las sombras alargan los restos del teatro romano, el viento acaricia los mosaicos de las domus y las estrellas (las mismas que guiaron a arévacos y legionarios) encienden el cielo de la meseta castellana. Duerme cerca de la ciudad romana [link interno] para descubrirlo.
Reserva tu viaje a Clunia
Si estás dispuesto a soñar con dioses, sentir el agua bajo tus pies o ponerte en ruta como los mercaderes, te invitamos a recorrer las calles de Clunia Sulpicia al amanecer, cenar como un emperador o convertirte en un arqueólogo experimental deja que te guiemos por la aventura cluniense [link interno] que más te apetezca.
Y si aún te sabe a poco deja que la realidad histórica se superponga con la arqueología de una manera amena y divertida en una visita arqueo-teatralizada por los auténticos escenarios originales de la ciudad.
Nuestros sitios
Astorga romana
Asturica Augusta fue una de las grandes ciudades romanas del noroeste. Hoy conserva su foro, termas y murallas, testigos del esplendor que vivió bajo el Imperio.
Clunia Sulpicia
El Vergel
Desde los albores del siglo I d.C., la romanización fue transformando el territorio de Ávila (Abula), dotándolo de una nueva identidad agrícola y social, desde donde la tenacidad romana desplegó su ingenio para optimizar el paisaje rural.
Las Médulas
Patrimonio de la Humanidad, este paisaje único fue moldeado por la minería romana en su búsueda de oro. Con sus formaciones de tierra roja, es un impresionante legado de la ingeniría romana.
León romano
Nacida como campamento de la Legio VII, León conserva murallas, termas y huellas romanas que narran su origen militar en la Hispania del Imperio.
Numancia
Durante veinte años, los numantinos enfrentaron con tácticas de guerrilla el avance de las legiones romanas, rechazando cada ataque con una firmeza que daría lugar a la expresión «resistencia numantina».
Petavonium
En el valle del Vidriales, el campamento romano de Petavonium fue clave para controlar el noroeste peninsular. Hoy, sus restos muestran la vida de una legión en la frontera del Imperio.
Pino del Oro
Enclavado junto al río Duero, este entorno conserva restos de una antigua explotación aurífera romana. Naturaleza y arqueología se unen en un paisaje marcado por la búsqueda del oro.
Santa Cruz
Oculta durante siglos bajo campos de cultivo, la villa romana de Santa Cruz salió a la luz en 1972 de manera fortuita, cuando una excavadora desveló parte de sus muros y mosaicos: primeros vestigios de su grandioso pasado.
Tiermes
Sobre un imponente farallón de arenisca roja, a 1230 metros de altitud, se alza una ciudad que ha retado el paso de los siglos: Tiermes (Termes).
Villa de Orpheus
Esta villa romana, ubicada en Palencia, destaca por su mosaico de ORfeo, una joya del arte romano. Un testimonio de lujo y simbolismo en la vida rural de la Hispania romana.